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Santiago Eraso hace tiempo aquí… Parafraseando a los teóricos de los sistemas complejos, Ilya Prigogine e Isabelle Stengers, podemos concluir que si examinamos una célula o una ciudad, la misma constatación se impone: no es únicamente que estos sistemas estén abiertos, sino que viven de este hecho, se alimentan del flujo de materia y energía que les llega del mundo exterior. Así pues, nuestras ciudades se asemejan a un conjunto vivo, basado en el intercambio y la cooperación entre unidades demográfica y funcionalmente indispensables para la viabilidad, la renovación y la continuidad de toda sociedad. Nadie debiera considerarse intruso, ni ninguna actividad, ni costumbre prescindible, básicamente porque no existe nadie ni nada que no lo sea. Esta condición heteróclita e inestable de los materiales humanos y sus costumbres no puede mostrarse como un problema sino como una oportunidad para asegurar la supervivencia misma de la sociedad y reclamar lo que corresponde a todos los viejos y nuevos habitantes de nuestras ciudades, aquello que Henri Lefevre llamó ya hace años el derecho a la ciudad.

Artículo de Vicente Guallart en el país sobre la aplicación del nuevo paradigma de internet y las redes a la reconstrucción de la ciudad.

¿Cómo se aplica el modelo distribuido de Internet a la habitabilidad del mundo? La sociedad industrial se ha caracterizado por resolver las necesidades humanas a través de grandes infraestructuras que abastecían a millones de personas. Energía, alimentos y bienes se producían de forma centralizada con estructuras creadas para resolver necesidades a la escala global, que luego necesitaban mecanismos logísticos para llevar a la escala individual dichos productos. Estas estructuras funcionaban porque había trabajadores que producían y millones de consumidores que consumían. Ahora, si no consume, el mundo no funciona. Y si se consume, el planeta se degrada. Sin embargo, a los trabajadores-consumidores de la era industrial les pueden suceder los creadores-productores conectados de la sociedad de la información capaces de producir casi cualquier recurso de forma local a partir de un know-how que se comparte en red. Éste es probablemente el gran cambio de paradigma, que va a transformar la economía y que debe transformar la habitabilidad del territorio. Frente a un modelo con pocos centros de producción que abastecían a millones de personas con el mismo producto, Internet fomenta la relación de millones de personas que producen contenidos diversos y que permiten personalizar tanto el momento como el producto producido y la manera como se intercambia con otros nodos de la red. La aplicación de estas estructuras, a la construcción del mundo físico, fomentaría el desarrollo de estructuras autoorganizadas tendentes a la autosuficiencia, capaces de crear y mejorar calidad de vida, y consumir menos recursos. La autosuficiencia conectada es el límite de la sostenibilidad. Este era un concepto basado en buenas intenciones, no definible a partir de parámetros precisos, y ya vacío de contenido por su uso indiscriminado para justificar casi cualquier acción sobre el territorio. La autosuficiencia conectada plantea seguir los principios autoorganizativos propios de los sistemas naturales, que tienen por principio esencial la perdurabilidad en el tiempo con el menor consumo energético. Más que confiar en un desarrollo sostenible, hay que iniciar un proceso proactivo de dotación de estructuras eco-eficientes del territorio construido y de producción de excedentes energéticos en los nuevos desarrollos. Y varios de los elementos básicos de la habitabilidad de las personas, directamente relacionados con las estructuras que habitamos pueden ser transformados siguiendo principios nuevos